El tambo "N° 1" del país

El sistema de ordeño robotizado que funciona en el INTA Rafaela posee indicadores indiscutibles de productividad que arrojan resultados asombrosos, aún en un contexto complejo. ¿En dónde radica su secreto? Un sistema que entusiasma por su eficiencia y anticipa un cambio de paradigma en la producción de leche con base pastoril.

Los números del tambo con sistema VMS que opera el INTA Rafaela son impresionantes. Para los amantes del dato fino, en los cuadros que acompañan esta nota encontrarán información detallada y comparada que dan cuenta de esa tremenda performance. Es más, cuesta creer el nivel de eficiencia y productividad que alcanza este modelo, si no fuera porque lo garantiza un sistema automatizado con registros informáticos en tiempo real que se almacenan con precisión en una PC que no miente. Pero además de los récords productivos, varios hitos se desprenden del análisis de esta tecnología iniciática para la cuenca central de Santa Fe: su impacto social, económico y cultural, los cuales pueden imprimirle a la lechería un giro auspicioso cuando este tipo de sistemas VMS se afiance y masifique.

Mientras el robot hace su trabajo, un joven y capacitado operario, uno solo, monitorea los datos que van ingresando a la computadora, cómodamente sentado en una sala contigua a la instalación de ordeñe, con una vista panorámica del sistema. El tambero 2.0 trabaja desde un recinto que le permite escuchar la radio o algo de música, tiene aire acondicionado y comodidades propias de una oficina, donde puede sebarse un mate desde un dispenser con agua caliente. He aquí el primer atributo insoslayable, el confort laboral del tambero, que marca una diferencia abismal en un oficio históricamente asociado al sacrificio y el esfuerzo físico. 

Nos reciben las tres autoridades del INTA que son los máximos responsables de este proyecto de articulación público-privada que comenzó allá por 2014, junto a la empresa De Laval: el director de la Experimental de Rafaela, Ing. Jorge Villar; el líder del proyecto del tambo VMS, Ing. Miguel Taverna; y el Jefe de la Agencia de Extensión "Castellanos", quien fuera mentor de este hito de la lechería cuando se desempeñaba como director de la Experimental, Ing. Carlos Callaci.

La hipótesis de Nuestro Agro que motiva este informe periodístico, es que el sistema robotizado del INTA Rafaela, por su performance productiva, "es el mejor tambo del país". Ninguno de los tres profesionales niega esta afirmación, pero humildemente les cuesta asumir semejante título porque prefieren considerarlo como un tambo experimental, al que están conociendo y probando desde diversos enfoques técnicos, para que sirva en el futuro próximo a la lechería nacional. 

Una apuesta innovadora

El convenio con De Laval implica el aporte en comodato por parte de la empresa, de la tecnología, los equipos y los accesorios para el funcionamiento del sistema, mientras que la tierra, la obra civil, las instalaciones y la mano de obra, corren por cuenta del INTA. El mantenimiento técnico del robot y la capacitación de los operarios los hace la empresa, mientras que el costo operativo, los servicios agronómicos y veterinarios se hacen con recursos del INTA. 

El líder del proyecto es el reconocido Ing. Miguel Taverna, máximo referente lechero del instituto a nivel nacional, quien dirige un importante equipo profesional que, a medida que se van obteniendo datos, analiza y difunde información altamente valiosa para el conocimiento del sistema y la valoración de la comunidad lechera. 

"La razón principal de este convenio, fue que De Laval quería probar su sistema robotizado en planteos de base pastoril, ya que sólo contaban con experiencia en sistemas confinados –comenta el Ing. Carlos Callaci, director de entonces de la Experimental rafaelina cuando se gestó el convenio-. Nuestro interés era que en la zona no existían robots y el INTA quería estudiar la tecnología aplicada a la zona; es decir, nuestro sistema no es ni confinado ni netamente pastoril, es un intermedio, porque la vaca tiene que ir al pasto y también a un patio de comidas, por eso finalmente se acordó probarlo en Rafaela, ya que si funcionaba acá, se podría adaptar perfectamente a la cuenca central, donde predomina esta modalidad".

Por su parte, Taverna explica que se fijaron metas productivas bastante ambiciosas para poder agotar todas las instancias de la investigación y validación del sistema; también se propusieron que la utilización de tecnología sea la apropiada para optimizar posibilidades y situaciones de análisis y así descartar cualquier limitante que condicione la obtención de los datos. "Estamos lográndolo", afirma este referente del INTA, mientras conversa con Nuestro Agro recorriendo el perímetro de las instalaciones. 

Uno de los ejes que explica la tremenda performance de este tambo radica en la gestión de alimentación (ver Cuadro 6) para un rodeo de 65 vacas que se ordeñan 2,4 veces por día promedio. "La producción de alimentos es clave, pero cabe aclarar que las 26 hectáreas que destinamos a la producción, tanto en 2016 y 2017 estuvieron totalmente inundadas y en el inicio de 2018, sufrieron una sequía", señala el Ing. Miguel Taverna. "Sin embargo, hemos logrado que el sistema aporte hasta un 65% de los alimentos que se consumen y este año seguiremos ajustando e intensificándolo aún más, si el clima acompaña". Y aclara: "el manejo intensivo no significa que se haga en desmedro o deterioro de las condiciones físicas y químicas del suelo, sino que la producción de materia seca por hectárea sigue siendo sustentable".

Nuestro Agro (NA) - ¿Este sistema se define como pastoril?

Miguel Taverna (MT) – Nosotros lo llamamos pastoril intensivo. Lo que pasa que el clima en los últimos tres años nos condicionó y recién en este ciclo estamos logrando la asignación de pasturas que requiere el sistema. Pero todo está pensado para que el 30 a 35% de la dieta sea pastoreo directo, lo que le da el carácter de pastoril, ya que pasan entre 9 y 10 horas diarias en la pastura. Podría ser discutible ese porcentaje pero lo que define el sistema es el pastoreo directo.

Carlos Callaci (CC) – En la zona, caracterizada por ser predominantemente pastoril, la mayoría de los productores poseen esta misma proporción en la dieta. Nuestra idea era responder a las características generales de estos sistemas. Hoy hay muchísimos planteos de 35 a 40% de la dieta en pastoreo directo. 

 

El mejor del país

La charla con Nuestro Agro se desordena por momentos porque cada aspecto del sistema conlleva primicias y aclaraciones que derivan en múltiples explicaciones técnicas por parte de los ingenieros del INTA. Si bien hace algunos años que lo estudian y prueban, también para ellos el robot es un crisol de novedades. La coincidencia es unánime: "el VMS revolucionará la lechería argentina una vez que se comprendan sus atributos productivos, económicos y sociales". Pero la infinidad de datos que aporta el robot es una tarea desafiante para los técnicos a la hora de convertirlos en información de calidad.

NA – Viendo los números, estamos tentados a decir que se trata del mejor tambo del país. ¿Qué aclaración le harían a esta afirmación?

MT – Bueno, sí, puede ser, pero no hay que perder de vista que esto es un proyecto de investigación. Pero no podemos negar que los índices productivos son muy buenos, aunque siempre hay cosas por mejorar. 

CC – Para obtener estos resultados hay que trabajar muy eficientemente en muchas variables, no todo lo explica el robot de ordeñe. Al ser un proyecto de investigación, nosotros ponemos todo lo que se necesita para potenciar la productividad. Quizás en un tambo convencional de la zona, muchas de las tecnologías de manejo y medición que tenemos acá, no existan a este nivel, pero tratamos desde un principio en hacer la experiencia como una empresa real.

NA – ¿Qué aspectos destacarían como distintivos para explicar los resultados de este sistema?

MT – En este sistema hay un aspecto muy importante que marca la diferencia y es la eficiencia de conversión. Nosotros estamos en 1,3 litros por cada kg de alimento consumido, lo que indica que estamos muy por encima de la media nacional. Otros factores son la productividad individual (34 litros), la carga animal (2,9) y la eficiencia tanto reproductiva como sanitaria (ver Cuadro 1), para lo cual el robot es fundamental con la información que genera en forma instantánea.

CC – Yo agregaría que también es decisivo el ajuste oportuno de la dieta para lograr esa eficiencia de conversión, porque ésta varía según la temperatura del año y la disponibilidad de alimentos, sumado al confort animal y el cero estrés de las vacas, que no le permite perder energía. En eso el robot y las puertas inteligentes van regulando el movimiento de las vacas según el momento del día, o las direcciona hacia la pista de alimentación con los ventiladores y los aspersores, o las manda a la pastura. 

NA – ¿Un ejemplo de la eficiencia que logra el robot en la productividad?

MT – Puede ser el promedio de consumo de balanceado por día, que es de 6 kg por vaca, pero no todas comen esa cantidad, sino que el robot durante el ordeñe les va habilitando el alimento en función de la producción diaria. Por ejemplo, durante los primeros 100 días de lactancia, en un ordeño el sistema le da 250gr de alimento balanceado por cada kg de leche que produce, hasta un tope de 10 litros; luego en los segundos 100 días de lactancia, le da 200 gr; y con más de 200 días de lactancia el robot le habilita sólo 100 gr de balanceado por litro producido. Esto es eficiencia en su máxima expresión porque el balanceado es lo más costoso del alimento.

NA - ¿Este sistema es viable para la región? ¿Se puede amortizar?

MT – Esa es la pregunta que primero nos hacen los profesionales colegas o los productores que vienen a ver cómo funciona el robot. Yo digo que funciona muy bien y productivamente los resultados están a la vista, pero les aclaro que acá hay una inmovilización de capital muy importante, empezando por el robot y las puertas inteligentes, como factor diferencial. Por el resto, no hay nada raro, es igual que a cualquier tambo de la zona. Pero desde un análisis económico, esta situación es desventajosa para nosotros, en el sentido de que la infraestructura que tenemos sirve para ordeñar el doble de animales y además, con la misma dotación de personal con que contamos, podríamos gestionar un segundo robot, que nos permitiría diluir costos fijos. Haciendo esta salvedad, es un sistema que nosotros lo vemos factible para la zona.

NA - ¿Por qué creen que aún no se impone esta tecnología en el país?

MT – El problema de Argentina es histórico. Tiene que ver con la accesibilidad al crédito, porque un robot cuesta 150.000 dólares con la instalación, y el segundo robot cuesta 120.000, ya que se van diluyendo costos de instalación a medida que se incrementa la cantidad de unidades. Es una inversión razonable pero hoy las condiciones no están dadas para la mayoría de los tambos.

NA – ¿Este tambo se encuadra en el concepto de "Lechería de Precisión"?

MT – Totalmente, apuntamos a eso. Porque la producción de alimentos es de precisión, la dieta, el manejo reproductivo y sanitario son de precisión. Y sin dudas es un concepto que explica los resultados. De todos modos, muchos de los aspectos de manejo que se implementan acá no son exclusivos de la robotización, si no que pueden aplicarse a tambos convencionales. Por ejemplo, la detección precoz de una mastitis o las ayudas para el manejo reproductivo o un software que permita analizar la producción individual de la vaca desde el punto de vista de la salud de la glándula, son cosas independientes del robot.

CC - Todo lo que funciona alrededor del robot y que se puede hacer lo más eficientemente posible, como la sanidad, el confort animal, el alimento, etc, se puede lograr en cualquier sistema de ordeñe. La ventaja del robot en todo caso es que al tambero le permite ocuparse de esos aspectos que muchas veces hacen ineficiente un tambo, y que son las tareas extra ordeñe.

MT – Claro, el robot lo que hace es estandarizar la rutina de ordeñe todos los días en todas las vacas y le permite al operario liberar horarios para hacer las otras actividades que son también muy importantes en un sistema, como el manejo de pasturas, el control reproductivo, el aspecto sanitario, es decir, se incrementa la productividad de la mano de la obra, porque mientras en un tambo convencional el 50 o 60% de su tiempo se destina al ordeño, acá ese tiempo se utiliza para analizar la información y gestionar. 

CC – Se sustituye un trabajo rutinario por otro que le puede agregar más valor al sistema.

NA – ¿Esto requiere de una capacitación especial del personal?

MT – Sí, por supuesto, la formación es clave. 

Un cambio de paradigma 

En el comienzo, la preocupación de los técnicos del INTA frente al proyecto del tambo VMS giró en torno al precepto de que la incorporación de esta tecnología no implique el riesgo de descartar mano de obra del campo. Rápidamente, advirtieron todo lo contrario.

Cada vez se entusiasman más en que este sistema sea el puntapié inicial de un cambio de paradigma en la concepción colectiva de que la tarea cotidiana de un tambero es sinónimo de una vida extremadamente sacrificada. 

En efecto y contra lo que se piensa, este sistema robotizado no sustituye mano de obra sino que además incluye a la gente joven y acerca a todas las generaciones a las nuevas tecnologías. "Cuando se entienda que el sentido de incorporar un robot a la sala de ordeñe, mejora no solo los resultados productivos sino la calidad de vida y la motivación del personal a cargo, los empresarios comenzarán a valorar aún más este sistema VMS", señala Carlos Callaci. 

Es que en el aspecto social, los técnicos se animan a afirmar que esta tecnología permite solucionar varias de las grandes desventajas que tiene la actividad a la hora de hacerla atractiva a las nuevas generaciones, como ser la flexibilidad de los horarios, descansos y fines de semana para los operarios tamberos y la reducción sustancial del esfuerzo físico que demanda la rutina de ordeñe.

Tal como lo demostraron los grupos CREA hace años, a través de sus encuestas, el factor humano y social del tambo es determinante para explicar la migración de los jóvenes y la escasez de mano de obra calificada o capacitada para ejercer la actividad. "Uno de los problemas actuales del tambo hoy es sin dudas la estabilidad de la mano de obra, porque el tambo es sinónimo de sacrificio, de esfuerzo diario y un sometimiento estricto a los horarios, lo que no permite tener flexibilidad o fines de semana para disponer de una vida personal –analiza Callaci-. En cambio en un sistema así, el robot hace el trabajo rutinario liberando al operario para que se ocupe de las demás tareas que pueden ser programadas o acomodadas de otra manera; por supuesto que las responsabilidades no se delegan, ya que el operario tiene a su cargo la supervisión del robot y el cuidado del proceso de ordeñe, al tiempo que su teléfono pasa a ser el que reporta las emergencias o contratiempos que puede generar una falla en el sistema". 

Cambio en la rutina

"Los operarios alternan sus horarios con comodidad, mientras uno ingresa a trabajar a las 6:30 am para comenzar sus actividades, el otro lo hace al mediodía donde se encuentran una hora para intercambiar novedades y los fines de semana sólo trabaja uno, lo cual le da a cada operario dos sábados y domingos libres con guardias rotativas", describe el Ing. Taverna. "Así, no sólo se le da calidad de vida al personal sino calidad de trabajo al sistema, porque no es lo mismo que el operario trabaje agotado y agobiado por la jornada laboral, a que lo haga como si fuera un trabajo más". De hecho, los operarios no viven en las inmediaciones del campo, sino que lo hacen en sus respectivos lugares de residencia en Rafaela y zona, trasladándose al lugar de trabajo diariamente.

Tal como lo define el director de la Experimental, Ing. Jorge Villar, "es un concepto totalmente distinto al funcionamiento de un tambo tradicional; el tambero no va en busca de las vacas dos veces por día ni tiene que devolverlas al lote o al piquete de alimentación, sino que los animales van y vienen solos dentro del sistema y pueden ordeñarse voluntariamente durante 23 horas del día (la hora 24 es para mantenimiento y revisión del sistema)". Esta es quizás la principal característica distintiva del VMS en materia de recursos humanos: "el tambero no ordeña, controla; ellos están provistos de un celular con la aplicación on line del robot que les indica el funcionamiento y emite alarmas instantáneas si llegara a surgir algún inconveniente en el sistema", completa Villar.

"Por eso decimos que el robot viene a simplificarle la vida al tambero, no a expulsarlo del tambo; es más, será una motivación para que los jóvenes no emigren a otras actividades lejos del campo", afirma con total convicción el Ing. Callaci, que al igual que Jorge Villar, destaca en todo momento el factor social que se desprende de los resultados de este proyecto de investigación. 

"Nuestro mayor anhelo es que este sistema, cuando esté absolutamente probado, sirva para que los jóvenes comprueben que pueden retornar al campo y al tambo", se ilusiona el Jefe de la AER Castellanos. 

De todos modos, "si hacer bien el tambo tradicional requiere de una gran dedicación y mucho conocimiento, hay que decir que en un sistema VMS, también es así incluso mucho más; nosotros creemos que la gran masa de productores aún debe pegar ese salto intermedio para llegar al robot", advierte el director de la Experimental. "No se trata de saltar rápidamente a esta tecnología sin más, si no que es un proceso escalonado, pero sin dudas que es para mejor".

Un hito en la lechería

Puede que se esté en presencia de un cambio estructural en la manera de producir leche con base pastoril y atendiendo a los tiempos que corren, donde la eficiencia integral y la mejora en la calidad de vida de los operarios, son aspectos que moldean el perfil del negocio y definen la sustentabilidad de la empresa. 

"A mí me gusta destacar al INTA en su decisión anticipatoria de embarcarse en un proyecto de estas características que incorpora una serie de tecnologías innovadoras, porque se está dando un paso fundamental que marca el camino para los productores", enfatiza Taverna, quien adelanta que "en 2019 se instalarán alrededor de 100 robots en la lechería argentina". 

Cuenta el líder del proyecto que cuando hace tres años comenzaron a investigar el sistema les decían que era una tecnología para pocos, que no iba a funcionar, "pero en realidad el único condicionante en este tiempo fue que Argentina es una país complicado para hacer inversiones, a diferencia de lo que sucede en Uruguay, Brasil o Chile, donde estos equipos se venden financiados a 10 años con el 1% de interés anual". Por lo demás, "son muchos los productores que están interesados en este modelo de producción", afirma el técnico.

Además, "el cambio social y cultural que este sistema está despertando, es que le aporta al operario esa faceta de organización y calidad de vida que le faltaba a la actividad, porque un tambero gana bien pero la traba siempre fue el sacrificio casi esclavo de no tener horarios normales ni descansos apropiados", agrega Callaci, a modo de conclusión.

Sin embargo, desde el INTA prefieren seguir hablando de "proyecto en ejecución", no todavía de "sistema", al menos por ahora hasta que esté concluido el crecimiento del rodeo, la incorporación de otro robot para completar la capacidad instalada y el impacto que puede generar la ampliación de hectáreas en la producción de comida y el bienestar animal. Pero sin dudas, tal como sostiene el Ing. Taverna, "adecuadamente gestionado, el VMS en el plazo de un par de años, será totalmente factible en nuestra zona". 

Fuente: Nuestro Agro

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